Mientras que el Rafale sigue imponiéndose como una referencia en materia de aviación militar, Francia tiene dificultades con Marruecos.
El Rieno de Marruecos, aunque aliado histórico, ha optado (por el momento) por no incluir el avión de Dassault Aviation en su estrategia de modernización militar.
Las negociaciones entre Francia y Marruecos sobre la venta de los aviones de combate Rafale nunca han tenido éxito. A pesar de los esfuerzos conjuntos de Dassault Aviation, la Dirección General de Armamento (DGA) y el Elíseo, Francia no logró convencer a Rabat de que firmara un acuerdo para la adquisición del emblemático avión de la industria aeronáutica francesa. “Creíamos que habíamos ganado el partido porque era Marruecos, como si naturalmente este país fuera a firmar con Francia”, lamenta un alto grado del ejército francés, citado por el periódico L’Express que dedica un largo artículo sobre el tema, ilustrando una cierta despreocuidad en el enfoque francés y un “fracaso ardador”.
Marruecos, socio histórico de Francia, ha demostrado en los últimos años una creciente voluntad de variar sus asociaciones militares, en particular con Estados Unidos e Israel. En este contexto, la oferta francesa, aunque técnicamente sólida, parece haber sufrido la falta de agilidad diplomática y comercial y los temblores políticos de la última década. “Hemos subestimado lo mucho que Marruecos era ahora cortejado por otras potencias, capaces de ofrecer condiciones financieras, transferencias de tecnología y una alineación estratégica más atractiva”, analiza el experto en relaciones franco-marroquíes Hassan Boukentar.
En el origen de esta debacle, una sucesión de errores estratégicos y diplomáticos. Todo comenzó en 2006, cuando Su Majestad El Rey, decidió modernizar la flota marroquí de Mirage F1. El Palacio se dirige al Elíseo con la intención declarada de adquirir Rafale, pero las negociaciones se convierten rápidamente en una cacofonía total. Dos enfoques se enfrentan en Francia: el de la Delegación General para el Armamento (DGA), que favorece la negociación de Estado a Estado, y el del consorcio industrial detrás del Rafale, que se centra en discusiones puramente comerciales. No se hace ningún arbitraje claro, dando paso a una comunicación confusa y a ofertas contradictorias.
Mientras que Dassault presenta una oferta inicial de dos mil millones de euros por 18 Rafale, el Estado francés ofrece un precio mucho más bajo. A continuación, se ajusta la oferta, integrando equipos adicionales y garantías de autonomía operativa. Su coste asciende a 2.600 millones de euros, lo que plantea una cuestión crucial: la financiación de dicha adquisición. París apuesta por la intervención financiera de terceros socios para apoyar a Marruecos. Una hipótesis difícil, debilitada por la cual el gobierno francés vacila sobre la concesión de un crédito garantizado por Coface, negándose a tomar una decisión clara a medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2007.
Los estadounidenses aprovechan la oportunidad
Mientras tanto, la diplomacia estadounidense, apoyada por el poder comercial de Lockheed Martin, trabaja en la sombra. Washington ofrece una flota de 24 F-16 nuevos, perfectamente adaptada a las necesidades marroquíes, por 1.600 millones de euros, una tarifa muy inferior a la de los Rafale. Los estadounidenses también refuerzan su apoyo político a Rabat, especialmente en el delicado tema del Sahara. En junio de 2007, Estados Unidos pasó de una posición de neutralidad a un apoyo explícito a la propuesta marroquí de autonomía para esta región. Este giro diplomático va acompañado de un contrato de 697,5 millones de dólares firmado entre Marruecos y la Millenium Challenge Corporation, reforzando los lazos económicos bilaterales.
En el verano de 2007, Francia intentó desesperadamente ponerse al día, ofreciendo finalmente una financiación completa a través de Coface. Pero era demasiado tarde. El caso está sellado: Marruecos opta por los F-16 estadounidenses.
La cancelación por parte de Dassault y otros industriales franceses de su participación en la feria Aéroexpo de Marrakech, inicialmente prevista para octubre del mismo año, es un amargo ejemplo.
Este percance puso de manifiesto, en ese preciso momento, las lagunas estructurales de la estrategia francesa de exportación. La falta de coordinación, la falta de capacidad de respuesta y el desconocimiento de las expectativas de los socios ilustran un mal funcionamiento que ha sido caro. El Rafale, presentado como “estuperdible pero difícil de vender” por un ex ministro de Defensa francés, seguramente podría interesar a Rabat en el futuro, gracias al acercamiento histórico iniciado en 2024.













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