Por Bernard Lugan.
En una carta dirigida al rey Mohammed VI con motivo del 25 aniversario de su reinado y publicada el martes 30 de julio en Rabat, el presidente Emmanuel Macron reafirmó claramente la posición constante de Francia, que es el apoyo al plan de autonomía marroquí. Pero, a través de esta carta, la posición francesa finalmente sale de las “ambigüedades” diplomáticas… Al escribir a Su Majestad Mohammed VI que el plan marroquí “constituye ahora la única base para llegar a una solución política justa, duradera y negociada”, es en un claro apoyo a la posición Marroquí que Francia acaba de comprometerse.
Ante este reconocimiento de Francia, Argelia ha sobrereaccionado. Pero, al retirar a su embajador en París, los gerontes argelinos reconocieron claramente y muy torpemente la total implicación de su país en el caso, debilitando aún más su argumento.
De hecho, desde 1975, Argelia no ha dejado de afirmar que no es parte de la cuestión del llamado Sahara marroquí “occidental”. Según ella, fue un problema, no entre Argelia y Marruecos, sino entre el “pueble saharaui” y Marruecos. Por eso su apoyo al Polisario y a la RASD se hizo únicamente en nombre del “Derecho de los pueblos a disponer de sí mismos”.
Sin embargo, este discurso de principio ocultaba objetivos tanto de orden territorial como de la lucha por el liderazgo regional. A través de su apoyo al Polisario, Argelia en realidad estaba tratando de abrir una salida al Océano Atlántico y evitar que Marruecos vuelva a ser la potencia oceánica y sahariana que era antes de la colonización. La cuestión del llamado Sahara “occidental” fue para Argelia el medio de romper su enclave continental retomando a través de un “pseudo-Estado saharaoui” el proyecto colonial llevado una vez por los ultras de la Argelia francesa.
Es por eso que Argelia, Estado soberano, ofreció -y siempre ofrece- parte de su territorio, en realidad una tierra históricamente marroquí, a un grupo armado separatista, el Polisario, para permitirle crear allí un pseudo-Estado con una pseudo-justicia, un pseudo-armée, una pseudo-diplomacia, etc.
Sin embargo, de nuevo, y siempre al contrario de lo que sostiene Argelia, la cuestión del llamado Sahara “occidental” no es un problema de descolonización. La descolonización de este territorio marroquí bajo colonización española se realizó en 1975, como dijo en 2023 el Secretario General de la ONU Antonio Guterres. En realidad, se trata de un conflicto artificial que permitió a Argelia descartar el proceso de descolonización del referéndum que debería haber llevado a cabo en su casa, en 1962, preguntando a las poblaciones marroquíes que viven en territorios marroquíes que pasaron directamente de la colonización francesa a la colonización argelina (a saber, Colomb-Béchar, Tindouf, Saoura, Touat, Gourara, Tidikelt, etc.) si querían unirse a su madre-patria o convertirse en ciudadanos de un estado nacido en 1962, llevado a los bautismos por el poder colonial.
Por eso, desde 1975, Argelia ha intentado obstinadamente hacer creer la existencia de una causa saharaui encarnada en un pueblo distinto del de Marruecos, un pueblo que reivindica su independencia y reunido en el Frente Polisario. Desde 1975, la posición argelina con respecto al llamado Sáhara Occidental es, por tanto, intangible, descartando cualquier idea de compromiso y rechazando sin discusión la propuesta marroquí de amplia autonomía. Un hasta el final claro expresado y reafirmado por el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune en su discurso de investidura pronunciado el 19 de diciembre de 2019.
Con su insólita reacción a la declaración del presidente Emmanuel Macron, Argelia acaba de bajar la máscara de su total implicación en un conflicto artificial del que es la única responsable.
Por Bernard Lugan












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