*El Nuevo Eje Estratégico: Marruecos, Estados Unidos, Israel y los Emiratos Árabes Unidos… ¿Hacia una Nueva Base de Poder?*

euromagrebمنذ 15 ثانيةآخر تحديث :
*El Nuevo Eje Estratégico: Marruecos, Estados Unidos, Israel y los Emiratos Árabes Unidos… ¿Hacia una Nueva Base de Poder?*

 

La geopolítica ya no se limita a alianzas militares y acuerdos diplomáticos. Se construye en torno a tres pilares inseparables: seguridad, recursos estratégicos y dominio de la tecnología.
En esta nueva configuración, la alianza entre Marruecos, Estados Unidos e Israel podría constituir uno de los pilares de un nuevo equilibrio regional, al que los Emiratos Árabes Unidos aportan una dimensión adicional:
el capital.

Este acercamiento ya no es solo una perspectiva. Los acuerdos de normalización de 2020 allanaron el camino para la cooperación económica, militar y tecnológica.
En enero de 2026, Marruecos e Israel firmaron un nuevo programa de cooperación militar.
En septiembre, una reunión tripartita entre Washington, Rabat y Tel Aviv reafirmó su compromiso de estrechar aún más sus lazos. En cuanto a los Emiratos Árabes Unidos, su cooperación en materia de seguridad e industria con Israel y Estados Unidos se ha profundizado gradualmente.

Marruecos ocupa una posición geográfica y estratégica única en esta región. Su costa atlántica se abre a importantes rutas marítimas, mientras que su proximidad a Europa, el Sahel y África Occidental le confiere una importancia considerable.
Para Washington, Rabat representa un socio capaz de contribuir a la vigilancia marítima, la lucha contra las amenazas transnacionales y la estabilidad regional.
En un contexto de competencia con China y Rusia, esta posición adquiere un valor añadido.

Pero la seguridad es solo una parte de la ecuación. El siglo XXI será también el siglo de la batalla por los minerales críticos, las cadenas de suministro y las tecnologías capaces de garantizar la independencia industrial. Aquí es donde entra en juego el Monte Trópico, esta estructura submarina en el Atlántico que despierta interés por su potencial mineral, en particular el telurio y otros materiales estratégicos. Su delimitación marítima sigue siendo objeto de disputa entre intereses españoles y marroquíes. Para Rabat, la posibilidad de que se reconozcan sus derechos sobre los recursos de esta zona podría representar una considerable oportunidad económica.

Un elemento merece atención: el Gabinete Real Marroquí ha manifestado el deseo estadounidense de reforzar la cooperación con Marruecos en materia de minerales críticos, energía, inteligencia artificial y defensa. Esta señal cobra especial relevancia dado que, el 24 de abril de 2025, Donald Trump firmó una orden ejecutiva destinada a acelerar la exploración y explotación de los recursos minerales del lecho marino, con el fin de diversificar el suministro estadounidense y fortalecer la seguridad económica y nacional. Por lo tanto, el Monte Trópico podría encajar en esta convergencia de intereses, aunque no se haya establecido públicamente ningún acuerdo específico sobre su explotación.

En consecuencia, surge la pregunta: ¿hasta qué punto podría Estados Unidos considerar a Marruecos un socio privilegiado para asegurar estos recursos?
Una cooperación que combine capital estadounidense, tecnologías israelíes y capacidades industriales marroquíes sería perfectamente factible. Podría beneficiar a todas las partes. Si bien no existen pruebas públicas que sugieran que ya se haya alcanzado un acuerdo secreto sobre la explotación del Monte Trópico, ni que Washington se haya comprometido a defender las reivindicaciones marroquíes a cambio de una rentabilidad de la inversión, cabe preguntarse legítimamente: ¿no se beneficiarían Washington y Tel Aviv al ver a su socio estratégico obtener los beneficios de estos recursos en lugar de un país cuyos intereses son totalmente opuestos a los suyos?

Esta lógica de alianza se extiende, por lo tanto, más allá del Monte Trópico. También abarca la posición de Marruecos en el Atlántico, su industria fosfática, su infraestructura portuaria, su cooperación militar y su capacidad para convertirse en una plataforma de producción y comercio entre África, Europa, Oriente Medio y América. La asociación estratégica adquiere entonces su pleno significado: cada parte proporciona lo que la otra busca, ya sea seguridad, capital, tecnología, recursos o acceso a los mercados.

En este contexto, las tensiones entre Madrid y Washington podrían tener consecuencias indirectas para Rabat. España defiende su soberanía sobre Ceuta y Melilla, y por supuesto las Islas Canarias, mientras que Marruecos mantiene sus propias reivindicaciones relativas a su integridad territorial y busca consolidar su posición regional.
Si los desacuerdos transatlánticos se intensifican, podrían alterar el equilibrio diplomático de poder. No hay indicios de que las disputas entre Estados Unidos y España se hayan orquestado para servir a los intereses marroquíes. Pero también cabe preguntarse…
Queda por ver si Washington, al defender sus propios intereses frente a Madrid, no está enviando indirectamente una señal a Rabat.

Finalmente, está la cuestión de la ampliación. Los Emiratos Árabes Unidos ya han demostrado que la normalización diplomática puede conducir a una cooperación concreta en defensa, inversión y tecnología. Otros países podrían verse tentados a sumarse a acuerdos similares a medida que convergen las cuestiones de seguridad y desarrollo.
Arabia Saudí, en particular, sigue siendo un actor central en los debates sobre el futuro de los Acuerdos de Abraham, aunque su participación en una arquitectura más amplia no pueda darse por sentada.

Por lo tanto, no se trata tanto de un bloque ya establecido como de una arquitectura estratégica en construcción, basada en intereses convergentes y en la posibilidad de transformar las relaciones diplomáticas en ventajas económicas, tecnológicas y de seguridad.

La verdadera cuestión ya no es simplemente quién está aliado con quién, sino qué aporta cada socio y qué puede obtener a cambio.
En este nuevo panorama geopolítico, Marruecos podría consolidar su posición combinando la seguridad atlántica, los recursos naturales, el desarrollo industrial y las alianzas tecnológicas. Si esta convergencia se materializa, Rabat dejaría de ser simplemente un aliado regional de Estados Unidos; podría convertirse en uno de los pilares africanos de una red de cooperación que vincule a Estados Unidos, Israel y las monarquías del Golfo.

El poder del mañana no se medirá únicamente por el número de bases militares o misiles. También se medirá por la capacidad de asegurar las rutas comerciales, dominar las tecnologías y acceder a los recursos de los que depende la economía global.
Desde esta perspectiva, la alianza marroquí-estadounidense-israelí, fortalecida por la cooperación emiratí, merece ser vista no como un bloque consolidado, sino como una estructura cuyos contornos aún pueden evolucionar.

Y como diría Yves Lacoste: «La geopolítica es la lucha por el control del espacio y los recursos».

 

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