Isabel Díaz Ayuso lleva días paseándose por México como si fuera una mezcla entre embajadora imperial y tertuliana de sobremesa con presupuesto público.
Diez días de viaje institucional convertidos en una operación propagandística donde la presidenta madrileña no ha dudado en volver a sacar del armario el viejo relato colonial de la “Hispanidad”, el mestizaje idealizado y la defensa encubierta de la conquista. Y la respuesta desde México no ha sido precisamente diplomática
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, decidió este miércoles poner fin a la teatralización de Ayuso con una frase demoledora. Breve. Cortante. “¿Para qué viene esta persona a México? ¿A qué la traen?”. Después remató calificando al entorno político de la dirigente madrileña como “trasnochado”. No es una anécdota. Es un choque político y simbólico de enorme calibre entre una dirigente latinoamericana que reivindica soberanía y memoria histórica y una presidenta autonómica española obsesionada con romantizar el pasado colonial mientras Madrid se cae a pedazos entre privatizaciones, alquileres imposibles y hospitales saturados
Porque esa es otra. Mientras Ayuso viaja a **más de 9.000 kilómetros** para dar lecciones sobre libertad y civilización, en Madrid sigue creciendo una región donde tener vivienda digna se ha convertido en un privilegio y donde lo público lleva años siendo desmontado pieza a pieza para alimentar negocios privados. Pero allí estaba ella. En México. Hablando de Hernán Cortés como quien habla de un influencer incomprendido
EL COLONIALISMO COMO MARCA POLÍTICA
Sheinbaum no solo cuestionó la presencia de Ayuso. También desmontó el sentido político de su gira. La presidenta mexicana ironizó sobre quienes creen que reivindicar a Hernán Cortés puede darles legitimidad en América Latina. Y lo hizo señalando algo bastante evidente: **la derecha española sigue utilizando el colonialismo como producto ideológico para consumo interno*
Ayuso lleva días encadenando discursos donde mezcla liberalismo extremo, victimismo empresarial y nostalgia imperial. Desde la llamada Universidad de la Libertad denunció el supuesto “pensamiento colectivista totalitario” que, según ella, pretende “pudrir el alma”. Una frase grandilocuente. Muy ayusista. También afirmó que “si has prosperado, el sistema quiere que seas sospechoso”. Curiosa manera de hablar de persecución desde una dirigente que gobierna una de las regiones más ricas de Europa y que lleva años beneficiando fiscalmente a grandes patrimonios mientras miles de familias trabajadoras no llegan a fin de mes
El discurso no cambia nunca. El rico es la víctima. El empresario es un héroe acosado. Los servicios públicos son sospechosos. Y cualquier redistribución social es presentada como una especie de dictadura soviética con cañas
Pero lo más obsceno no fue eso. Lo verdaderamente grotesco llegó cuando Ayuso insistió en defender “los cinco siglos de mestizaje” y atacó los “discursos de odio que dividen”. Es decir, convertir siglos de colonización, violencia, saqueo y exterminio en una campaña publicitaria edulcorada para nostálgicos del imperio. Como si América Latina hubiera surgido de una convivencia idílica entre iguales y no de una conquista construida sobre sangre, imposición religiosa y explotación
Y mientras ella hablaba de “libertad”, la presidenta mexicana recordaba algo incómodo para quienes convierten la conquista en merchandising ideológico: quienes buscan apoyo extranjero porque no tienen apoyo popular “están destinados a la derrota”. Un mensaje dirigido a las élites conservadoras mexicanas que han intentado utilizar la visita de Ayuso como símbolo político interno. Porque esa es la clave de todo esto. Ayuso no ha ido solo a promocionar Madrid. Ha ido a alimentar una red reaccionaria transatlántica donde la “Hispanidad” funciona como herramienta cultural contra gobiernos progresistas latinoamericanos
UNA PRESIDENTA REGIONAL DISFRAZADA DE LÍDER GLOBAL
El problema es que Ayuso ya no actúa como presidenta autonómica. Actúa como una figura internacional de la derecha ultra liberal. Una especie de portavoz permanente del capitalismo más agresivo disfrazado de defensa de la libertad individual. Da igual si habla de impuestos, memoria histórica o colonialismo. El marco siempre es el mismo: quienes cuestionan privilegios son peligrosos, quienes piden redistribución generan odio y quienes denuncian el pasado colonial están manipulando la historia
Por eso resulta tan revelador que Sheinbaum insistiera en preguntarse “quiénes son los que la apoyan













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