Quién querría estar asociado con un grupo terrorista?
Ciertamente no Mauritania, que acaba de rechazar categóricamente la solicitud del Polisario de abrir una llamada “embajada” en Nouakchott .
Esta negativa clara e inequívoca refleja el deseo de las autoridades mauritanas de no verse involucradas en las maniobras de un movimiento aislado, desacreditado y exhausto.
El frente de Brahim Ghali, en una búsqueda desesperada de reconocimiento simbólico, intenta aferrarse a los vestigios de los acuerdos de Argel de 1979.
Pero más de cuarenta años después, la realidad regional ha cambiado: los Estados buscan la estabilidad, no la división.
Este revés diplomático llega en un momento particularmente difícil para el Polisario, ya debilitado por el creciente enojo en los campamentos de Tinduf y por la reciente adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que reafirma la relevancia y credibilidad del plan de Autonomía Marroquí como la única vía seria para la solución












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