Por: ABDERRAHMANE EL FATHI ANALIZA EL FUTURO DE LA COOPERACIÓN ENTRE MARRUECOS Y ESPAÑA
El catedrático y director del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Tetuán examina las claves del discurso real: reconocimiento de los avances en materia migratoria, revisión de un modelo que ha alcanzado sus límites y rechazo a cualquier intento de someter la asociación bilateral a presiones o amenazas.
El profesor Abderrahmane El Fathi, catedrático y director del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Tetuán, publicó el 10 de octubre de 2026 en el diario español EL ESPAÑOL una tribuna de análisis titulada «Mohamed VI, entre el “límite” y el “chantaje”», en la que examina las implicaciones políticas y estratégicas del discurso pronunciado por Su Majestad el Rey Mohamed VI, ante el Parlamento, así como los desafíos que afronta la cooperación entre Rabat y Madrid en materia migratoria.
El análisis sitúa las palabras del Soberano en el contexto de las relaciones hispano-marroquíes, particularmente después de la crisis registrada durante el verano en Ceuta y de las tensiones políticas y mediáticas que esta desencadenó a ambos lados del estrecho de Gibraltar.
La tesis central de El Fathi es que Marruecos reconoce los resultados de la cooperación bilateral, pero considera necesario revisar sus mecanismos. La continuidad de la asociación, sostiene el planteamiento del artículo, debe descansar en la reciprocidad, el respeto a la soberanía y la defensa de los intereses compartidos, no en presiones políticas, amenazas o intentos de instrumentalizar la interdependencia entre ambos países.
– Una cooperación que ha dado resultados, pero necesita evolucionar
El Fathi destaca que Mohammed VI reivindicó la posición de Marruecos como socio responsable y fiable, comprometido con sus obligaciones y legitimado para esperar de sus interlocutores un comportamiento equivalente.
En materia migratoria, el monarca reconoció los avances alcanzados, al tiempo que advirtió de que el modelo vigente había llegado a sus límites, como evidencian las crisis recurrentes.
El autor interpreta esta afirmación como una invitación a revisar el funcionamiento de la cooperación, no como una renuncia a ella.
La cuestión de fondo consiste en determinar si los instrumentos actuales siguen siendo suficientes para responder a una realidad migratoria cada vez más compleja, marcada por condicionantes jurídicos, institucionales, económicos y geopolíticos.
Desde esta perspectiva, una crisis puntual, por grave que sea, no debería borrar los resultados acumulados durante años de colaboración.
Pero tampoco puede utilizarse el balance positivo de etapas anteriores para eludir el examen de las deficiencias que las crisis ponen de manifiesto.
La revisión del modelo aparece así como una necesidad estratégica: preservar lo que funciona, identificar los obstáculos y adaptar los mecanismos de cooperación a las nuevas circunstancias.
– Los datos migratorios y la necesidad de una lectura contextualizada
En apoyo de su argumentación, el artículo de EL ESPAÑOL recurre a estadísticas de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) relativas a la ruta del Mediterráneo occidental.
Según las cifras citadas por El Fathi, las llegadas por esta vía descendieron un 68,6 % entre 2018 y 2025, al pasar de 57.264 personas a 17.993.
El autor utiliza esta evolución para defender la necesidad de analizar los acontecimientos de Ceuta dentro de un marco temporal más amplio, evitando reducir el balance de la cooperación bilateral a los episodios de mayor tensión política.
No obstante, la interpretación de estos datos exige distinguir entre la evolución de una ruta migratoria concreta y la evaluación global de la cooperación entre Marruecos y España.
Las cifras, por sí solas, no permiten atribuir toda la variación a un único factor ni determinar de manera concluyente el peso específico de cada medida adoptada por ambos países.
La lectura contextual que propone el artículo invita, por tanto, a combinar el reconocimiento de los resultados estadísticos con un examen riguroso de las circunstancias particulares de cada crisis.
– El marco jurídico español y las dificultades de repatriación
Uno de los apartados más relevantes de la tribuna aborda los obstáculos jurídicos y judiciales que afectan a los procedimientos de retorno, especialmente cuando están implicados menores de edad o personas que solicitan protección internacional.
El Fathi subraya que la eficacia de la cooperación migratoria no depende exclusivamente de las actuaciones de las autoridades marroquíes. También intervienen la legislación española, las decisiones de sus tribunales y la disponibilidad de procedimientos efectivos de readmisión.
Esta dimensión institucional permite ampliar el debate más allá de la vigilancia fronteriza.
La gestión de los flujos migratorios requiere mecanismos administrativos y jurídicos que permitan aplicar las decisiones correspondientes dentro de los límites establecidos por la legislación nacional y las obligaciones internacionales.
El análisis no implica que las garantías judiciales o los derechos de los migrantes deban considerarse prescindibles. Al contrario, el desafío consiste en conciliar la eficacia de los procedimientos con el respeto a la legalidad y la protección de las personas vulnerables, particularmente los menores.
La cuestión planteada es, por tanto, cómo construir procedimientos claros, viables y coordinados que reduzcan las dificultades operativas sin debilitar las garantías jurídicas.
– Soberanía frente a la presión política
El artículo concede especial importancia a la afirmación Real de que la asociación entre Estados constituye una elección soberana y un compromiso voluntario que no puede quedar sometido a presiones, amenazas o chantajes.
El Fathi relaciona este mensaje con las acusaciones formuladas contra Marruecos durante los últimos meses, en particular aquellas que le atribuyeron una supuesta instrumentalización deliberada de los movimientos migratorios durante la crisis de Ceuta.
El autor distingue entre las controversias políticas y los hechos que pueden acreditarse mediante pruebas verificables.
Esta distinción resulta esencial para evitar que las declaraciones partidistas o mediáticas sustituyan al análisis de las responsabilidades efectivamente demostradas.
La posición expuesta en la tribuna sitúa la reciprocidad en el centro de la relación bilateral: la cooperación no puede convertirse en un mecanismo de subordinación, sino que debe articularse mediante compromisos mutuos, confianza institucional y reconocimiento de los intereses legítimos de cada Estado.
El mensaje, además, trasciende el ámbito estrictamente hispano-marroquí. También interpela a los socios europeos de Rabat, cuya relación con Marruecos se encuentra vinculada a cuestiones de seguridad, estabilidad regional y gestión de los movimientos migratorios.
– Una nueva iniciativa estratégica: codesarrollo, competitividad y estabilidad
Más allá del diagnóstico de las dificultades existentes, El Fathi destaca el anuncio de una iniciativa marroquí dirigida a sus socios, concebida para establecer una orientación estratégica clara y práctica.
La propuesta se articula en torno a tres ejes: el codesarrollo, la competitividad económica y la estabilidad regional.
Su relevancia reside en la posibilidad de situar la migración dentro de un marco de cooperación más amplio que el control fronterizo.
La iniciativa apunta a incorporar de manera más decidida las oportunidades económicas, la inversión, la creación de empleo y las condiciones de desarrollo de los países de origen y tránsito.
La lógica de este planteamiento es que la gestión migratoria no puede depender exclusivamente de instrumentos policiales y de seguridad. Aunque estos desempeñan una función necesaria, una respuesta duradera también requiere políticas capaces de ampliar las oportunidades y mejorar las perspectivas de futuro de las poblaciones, especialmente de los jóvenes.
Esta orientación podría abrir nuevas vías de diálogo entre Marruecos, España y la Unión Europea.
Sin embargo, el alcance efectivo de la iniciativa dependerá del contenido de la documentación anunciada, de los compromisos concretos que se propongan y de la disposición de los socios a traducir los principios generales en mecanismos operativos.
Por el momento, el anuncio establece una dirección política; la evaluación de sus resultados exigirá conocer su desarrollo práctico.
– De la crisis de Ceuta a la revisión estructural del modelo
El Fathi considera que el discurso real desplaza el centro de gravedad del debate. En lugar de mantener la discusión exclusivamente en torno a las responsabilidades por la crisis de Ceuta, plantea examinar las limitaciones estructurales del sistema de cooperación.
Las controversias de los últimos meses han situado en primer plano las acusaciones sobre la actuación de las autoridades marroquíes y la posible instrumentalización política de la migración. Sin embargo, ese debate no agota las cuestiones pendientes: también es necesario evaluar los resultados anteriores, las dificultades jurídicas de los retornos y la capacidad de las instituciones para responder a situaciones extraordinarias.
La lectura propuesta por el académico se articula en torno a tres ideas complementarias: Marruecos reconoce los avances de la cooperación con España; considera que sus mecanismos actuales necesitan una revisión; y rechaza que dicha revisión se lleve a cabo bajo presión política.
No se trata, por tanto, de cuestionar automáticamente la continuidad de la asociación, sino de determinar cómo adaptarla para que responda mejor a los desafíos presentes y futuros.
El resultado dependerá de la capacidad de ambas partes para transformar las discrepancias en acuerdos concretos, sin confundir la defensa de los intereses nacionales con la renuncia al diálogo.
– Una relación estratégica que va más allá de la migración
La tribuna recuerda que las relaciones entre Marruecos y España abarcan mucho más que la gestión migratoria. Los vínculos comerciales, económicos, humanos y de seguridad configuran una relación de especial relevancia para ambos países y para el conjunto del espacio euromediterráneo.
En este contexto, la cooperación migratoria debe entenderse como una responsabilidad compartida y no como una prestación unilateral de un Estado en beneficio de otro.
El principio de reciprocidad adquiere aquí una dimensión práctica: la continuidad de los compromisos exige que cada parte asuma sus responsabilidades, reconozca los intereses de su interlocutor y contribuya a resolver los obstáculos que dificultan la aplicación de los acuerdos.
Desde esta perspectiva, Marruecos puede mantener su voluntad de cooperación y, al mismo tiempo, defender una revisión de sus condiciones y mecanismos. La soberanía y la colaboración internacional no son conceptos incompatibles; su articulación depende de que exista un equilibrio entre obligaciones, intereses y respeto mutuo.
La respuesta de España y de los socios europeos a la iniciativa anunciada por Mohammed VI permitirá apreciar hasta qué punto existe una voluntad compartida de avanzar hacia un marco de cooperación renovado.
La cuestión decisiva: convertir el diagnóstico en una nueva arquitectura de cooperación
La conclusión del análisis de Abderrahmane El Fathi es que el discurso real abre la puerta a una reflexión que supera las controversias inmediatas y sitúa el futuro de la cooperación migratoria en una perspectiva estratégica.
Marruecos reconoce los avances alcanzados, identifica las limitaciones del modelo vigente y plantea la necesidad de revisarlo sobre nuevas bases. La reciprocidad, la eficacia institucional, el respeto a la soberanía y la responsabilidad compartida aparecen como elementos esenciales de esa revisión.
La iniciativa anunciada, centrada en el codesarrollo, la competitividad económica y la estabilidad regional, podría contribuir a ampliar el marco de diálogo con España y la Unión Europea.
Su alcance, sin embargo, dependerá de los compromisos concretos que se adopten y de la capacidad de los interlocutores para llevarlos a la práctica.
El desafío para Rabat y Madrid consiste en pasar de una cooperación sometida a las tensiones recurrentes a un sistema más sólido, capaz de combinar la gestión eficaz de las fronteras, el respeto a la legalidad, la protección de las personas vulnerables y la búsqueda de soluciones económicas duraderas.
La cuestión ya no es únicamente cómo responder a la próxima crisis, sino qué modelo de cooperación permitirá reducir sus vulnerabilidades y sostener una relación estratégica basada en la confianza y el respeto mutuo.











