En una nueva posición diplomática cargada de significado político, Senegal reiteró ayer, jueves 8 de octubre de 2026, su apoyo a la iniciativa de autonomía propuesta por Marruecos para resolver la controversia en torno al Sáhara marroquí. La declaración tuvo lugar durante los trabajos de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta postura se enmarca en los continuos esfuerzos por recabar respaldo internacional a la iniciativa marroquí, considerada una base para alcanzar una solución política definitiva, realista y duradera bajo los auspicios de la ONU.
Este paso reviste especial importancia debido a la profundidad de las relaciones históricas y estratégicas que unen a Rabat y Dakar, así como a los múltiples intereses y asociaciones que comparten en África Occidental. Asimismo, pone de relieve que las discrepancias coyunturales, por intensas que sean, no implican necesariamente un cambio en las posiciones diplomáticas ni bastan, por sí solas, para desestabilizar unas relaciones sólidamente arraigadas, pese a los intentos de aprovechar las tensiones regionales para influir en su evolución.
Por su parte, Argelia ha seguido apostando por las posiciones de algunos países africanos y tratando de aprovechar diferentes acontecimientos y desacuerdos para reducir el respaldo del que goza la iniciativa marroquí. Las tensiones surgidas en torno a la final de la Copa Africana de Naciones disputada en Marruecos en enero de 2026 entre las selecciones de Marruecos y Senegal alimentaron un amplio debate en las redes sociales, que en algunos casos trascendió el ámbito de la competición deportiva y desembocó en duros enfrentamientos verbales entre aficionados de ambos países. Mientras aquellos acontecimientos suscitaron temores sobre su posible utilización para avivar las divisiones, diversos informes de prensa sostienen que Argelia desempeñó un papel determinante en los incidentes y que habría planificado los actos de desorden y sabotaje que acompañaron a la final de la CAN en Rabat.
Sin embargo, la apuesta por transformar diferencias circunstanciales en una ruptura permanente entre Rabat y Dakar choca con la profundidad de los vínculos que unen a ambos países y con los intereses comunes que han consolidado a lo largo de décadas. Marruecos y Senegal mantienen sólidas relaciones políticas, económicas, religiosas y culturales, lo que dificulta reducir su trayectoria común a unos acontecimientos deportivos o a campañas digitales pasajeras. La reciente posición senegalesa vuelve a confirmar, además, que las divergencias coyunturales no implican necesariamente una revisión de las posturas oficiales ni constituyen un motivo suficiente para poner en duda el futuro de las relaciones entre ambos pueblos.
Con esta postura, Senegal transmite un mensaje diplomático claro desde el corazón de las Naciones Unidas, al reiterar su apoyo a la marroquinidad del Sáhara y subrayar que los intentos de explotar desacuerdos circunstanciales para perjudicar sus relaciones estratégicas con Marruecos no alterarán su posición de respaldo a la integridad territorial del Reino.












