Vida y muerte del principio argelino de no injerencia (1962-2025)

euromagreb4 يناير 2025آخر تحديث :
Vida y muerte del principio argelino de no injerencia (1962-2025)

Las recientes aventuras diplomáticas argelinas pueden comprometer aún más la credibilidad del régimen. Al intentar imponerse como mediador en las crisis regionales, Argelia se expone a crecientes críticas, en particular por parte de sus vecinos africanos. El fracaso de su propuesta de transición en Níger ha puesto de manifiesto su creciente aislamiento en la escena internacional, mientras que su alineación estratégica con socios extranjeros refuerza la imagen de un régimen que busca preservar su poder a toda costa, en detrimento de los principios que pretende defender.

“Persistencia de los actos de injerencia”, “proximidad y complicidad de Argelia con los grupos terroristas que desestabilizan a Malí y a los que ha ofrecido cobijo y sustento”, “nueva injerencia de Argelia en los asuntos internos de Malí”, condenado con mucho vigor: Bamako nunca ha sido tan agresivo en una salida diplomática. Los recientes acontecimientos en Malí y Níger e incluso en Marruecos han revelado las contradicciones estructurales del régimen argelino en su aplicación del principio de no injerencia.
Detrás de su discurso habitual, una maniobra que no engaña a nadie: mantener un papel central en las fluctuaciones regionales al tiempo que margina la influencia de actores externos, en particular la de Francia y las potencias africanas de habla inglesa.

Si Bamako “recuerda que las opciones estratégicas para la lucha contra los grupos armados terroristas, apoyados por patrocinadores estatales extranjeros, son exclusivamente competencia de la soberanía de Malí”, invitó a Argel “a dejar de hacer de Malí una palanca de su posicionamiento internacional”. Al mismo tiempo, Argelia había propuesto a Níger un plan de transición rechazado por varias partes interesadas.

Este comportamiento demuestra que el régimen ya no se limita a abogar por la soberanía de los Estados, sino que ahora busca dar forma activamente a los equilibrios regionales. Esta flagrante contradicción ha alimentado las sospechas de que la doctrina de no injerencia, tan a menudo evocada, es solo una herramienta retórica al servicio de los intereses geopolíticos argelinos.

 Una hipocresía alimentada por alianzas selectivas

La creciente alianza de Argelia con potencias extranjeras también ilustra la aplicación oportunista de su doctrina. Mientras el régimen se erige como defensor de la independencia africana frente a la interferencia occidental, multiplica los acuerdos económicos y militares con Moscú y Pekín, por ejemplo. Estas dos capitales están fuertemente presentes en Malí, que anunció el 25 de enero de 2024 el “fin, con efecto inmediato”, del acuerdo de paz de Argel, firmado en 2015 y considerado durante mucho tiempo ineficaz, especialmente desde la reanudación en 2023 de las hostilidades contra el Estado central y el ejército maliense por parte de los grupos separatistas Tuareg dominantes del norte apoyados por Argel, a raíz de la retirada de la misión de las Naciones Unidas (Minusma), después de diez años de presencia.

La represión interna, un espejo de las contradicciones externas

A nivel interno, el régimen argelino explota el discurso de la no injerencia para justificar la represión de las oposiciones políticas y los movimientos sociales. Desde el inicio del levantamiento popular en 2019, las acusaciones de “colusión con el extranjero” se han multiplicado contra periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil. Esta retórica alcanza su punto máximo cuando se utiliza para justificar políticas represivas. La ley de financiación de las ONG de 2012, que impone una autorización previa para cualquier apoyo externo, ilustra este deseo de aislar a la sociedad civil argelina de sus enlaces internacionales. Este bloqueo, presentado como una defensa contra la interferencia, es en realidad solo una herramienta destinada a amordazar a las voces disidentes.

Mientras que el régimen persiste en desviar el principio de no injerencia, la sociedad argelina aspira a una redefinición de este marco doctrinal.
Esta fractura también se refleja en el creciente papel de la diáspora argelina. Al federar colectivos internacionales para apoyar las reivindicaciones democráticas, se opuso directamente al discurso oficial, afirmando que el vínculo con el extranjero ya no debe percibirse como una amenaza, sino como una oportunidad de renovación política.

 Una diplomacia que se atasca

El discurso de la no injerencia, durante mucho tiempo piedra angular de la diplomacia argelina, se enfrenta ahora a sus propias contradicciones. Entre la interferencia disfrazada en el extranjero y el encierro autoritario en el interior, el régimen sacrifica la coherencia de su doctrina a intereses estratégicos inmediatos.
Esta elección, si persiste, podría acelerar la pérdida de legitimidad de un poder ya impugnado.

Históricamente, la no injerencia ha servido de marco para la construcción del Estado argelino posterior a la independencia. Este principio fue erigido para cimentar la soberanía nacional y hacer frente a las interferencias externas, en particular las de la antigua potencia colonial.
El caso del Sahel ilustra definitivamente el enfoque de geometría variable adoptado por Argel. Se ha convertido en un arma política flexible pero oxidada, utilizada para cubrir las lagunas del régimen.

التعليقات

عذراً التعليقات مغلقة

اكتب ملاحظة صغيرة عن التعليقات المنشورة على موقعك (يمكنك إخفاء هذه الملاحظة من إعدادات التعليقات)
    Translate »