El Jefe del Gobierno Marroquí, Aziz Akhannouch, anunció el domingo 11 de enero que no buscaría un tercer mandato al frente de la Agrupación Nacional de Independientes (RNI, mayoría), poniendo así un fin voluntario a una década de liderazgo partidista, cuyo ejercicio se ha visto ensombrecido por la persistencia del desempleo, la desconfianza nacida de los conflictos de intereses, las crisis sociales y la presión de la inflación
Hablando con la prensa nacional, el Sr. Akhannouch indicó que el congreso extraordinario del RNI, previsto para el 7 de febrero en El Jadida, estaría abierto a la designación de su sucesor, señalando que “el partido tiene sus estructuras, sus instancias y un recorrido establecido, lo que hace en vano cualquier tentación de prolongarse a su cabeza
Una transmisión de la antorcha para recuperar la confianza
En sus declaraciones, el Sr. Akhannouch recordó haber dedicado “diez años de [su] vida al servicio del partido”, considerando que había llegado el momento de “transmitir la antorcha, a pesar del apego expresado por muchos activistas”. Subrayó que su renuncia también quería responder a los rigores de la época: “La democracia requiere una renovación de las figuras dirigentes para restaurar la confianza de los votantes”. Rechazando cualquier modificación de los estatutos internos, que limitan la presidencia a dos mandatos, el Sr. Akhannouch insistió una vez más en la necesidad de sangre nueva: “Es importante romper con la figura del líder indefinidamente renovado y abrir el partido a nuevas energías”, según los términos reportados por la prensa
Una decisión inalterable a pesar de las reticencias internas
Esta resolución se planteó en una reunión de la oficina política del RNI celebrada en Rabat, durante la cual algunos líderes solicitaron un aplazamiento o un cambio. El Sr. Akhannouch se negó categóricamente, considerando su decisión como “definitiva”. En conclusión, afirmó que “los miembros del partido ahora tendrán que elegir al que conducirá el destino político del RNI, y asumirán el cuidado de orientar el barco hacia días menos atormentados
El mandato de Aziz Akhannouch sigue profundamente marcado por las contradicciones que han socavado la percepción de su autoridad: la persistencia del desempleo estructural, el aumento de los precios y la desconfianza nacida de los supuestos conflictos de intereses han arrojado una pesada sombra sobre su obra; las tensiones sociales recurrentes, exacerbadas por la inflación y la desigualdad de recursos, han revelado la inadecuación, a veces flagrante, entre las promesas políticas y las realidades sobre el terreno; por último, la gestión del partido y del Estado, a menudo considerada demasiado centralizada, ha alimentado una impresión de ortodoxia rígida y gobernanza llena de hieratismo, dejando al país oscilando entre Dudas y cansancio ante ambiciones que la experiencia cotidiana ha hecho tangiblemente limitadas. Esta combinación de éxitos relativos (sobre todo obras reales) y fracasos visibles ilustra sobre todo los obstáculos inevitables de un poder que se ha cegado en sus propias dimensiones













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