El anuncio de la presencia en Dakhla de Jared Kushner y su esposa Ivanka Trump para las vacaciones en el Sahara forma parte de una importante secuencia geopolítica para el Magreb.
Esta elección de destino, lejos de ser fortuita, se produce en un momento crucial en el que se perfila la futura política estadounidense para la región MENA (Oriente Medio y África del Norte).
La configuración geopolítica actual hace que esta visita sea particularmente significativa. El creciente aislamiento de Argelia en la escena internacional, marcado por su fracaso para integrar los BRICS y las críticas acérricas de sus antiguos aliados como Rusia, va acompañado de una multiplicación de los reconocimientos internacionales de la Soberanía Marroquí sobre el Sahara.
El evidente fracaso de la estrategia argelina del apoyo al Polisario, junto con el deterioro de sus relaciones con Washington, crea un contexto particularmente favorable para una resolución definitiva del conflicto.
La presencia en Dakhla del futuro asesor MENA de Trump tiene una importancia estratégica multidimensional. Arquitecto del acuerdo tripartito Marruecos-Estados Unidos-Israel y del reconocimiento estadounidense a la Marroquinidad del Sahara, durante el primer mandato de Trump, Kushner encarna una visión geopolítica regional integrada.
Su fina comprensión de los desafíos regionales y su papel central en la reconfiguración de las alianzas lo convierten en un actor clave de la futura administración.
El momento de esta visita, a dos meses de la investidura de Donald Trump, adquiere una dimensión particular en el contexto de la preparación de un « presidential bill »
(proyecto de ley presidencial) destinado a clasificar al Polisario como organización terrorista.
Esta iniciativa legislativa, si tiene éxito, constituiría un punto de inflexión decisivo en la resolución del conflicto, privando a Argelia de su última palanca de influencia regional.
El mensaje enviado a Argel es de una claridad cristalina: la obstinación del dúo Tebboune-Chengriha para apoyar al Polisario podría exponer pronto a Argelia a sanciones internacionales.
Las implicaciones regionales de esta presencia van mucho más allá del marco de una simple estancia turística. Se inscribe en la continuidad de la excepcional asociación estratégica que une a Marruecos con los Estados Unidos, el aliado estadounidense más antiguo de África. La elección de Dakhla, escaparate del desarrollo de las provincias saharianas marroquíes, envía un mensaje inequívoco sobre la visión estadounidense del futuro de la región.
Esta secuencia diplomática anuncia una probable aceleración de la resolución del conflicto del Sahara, un asunto en el que Kushner ya ha demostrado su capacidad para lograr avances decisivos. La asociación estratégica marroquí-estadounidense, fortalecida bajo el primer mandato de Trump, debería experimentar nuevos desarrollos significativos.
Las repercusiones de esta estancia deberían marcar un punto de inflexión en la reconfiguración de los equilibrios regionales. Frente a una Argelia cada vez más aislada y tensa en posiciones anacrónicas, la asociación estratégica Marruecos-Estados Unidos aparece como un factor de estabilización regional, portadora de una visión de desarrollo y cooperación













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