El fracaso de las elecciones legislativas y presidenciales previstas en Libia para el 24 de diciembre de 2021, una votación que podría haber renovado la legitimidad de las instituciones y puesto fin a una transición marcada por crisis políticas, económicas y de seguridad, se debe en parte a las intrusiones argelinas en los asuntos internos de Trípoli.
El gobierno de unidad nacional de Trípoli, dirigido por Abdelhamid Dbeibah, se negó a ceder el poder a otra autoridad que no sea la de las elecciones.
En este clima de divisiones, varios observadores acusan a Argelia de exacerbar la fragmentación libia apoyando a los protagonistas políticos en detrimento de otros, así como a los grupos separatistas en el sur del país. Según analistas e informes diplomáticos, Argel buscaría imponer su influencia estratégica en la región apoyando a las facciones para dividir a Libia, especialmente en Fezzan, una zona rica en recursos naturales.
Fuentes concordantes indican que Argelia habría proporcionado apoyo logístico y financiero a ciertas milicias que operan en el sur de Libia, con el fin de limitar la unidad nacional y fortalecer su control sobre territorios clave. Estas acusaciones alimentan las tensiones entre Argelia y actores regionales como Marruecos y Egipto, que apoyan iniciativas que promueven la estabilización y la unidad de Libia.
Esta supuesta política complica aún más los esfuerzos de las Naciones Unidas y los socios internacionales para lograr una resolución duradera. Los expertos advierten de las consecuencias de este apoyo, que puede prolongar la inestabilidad y comprometer las perspectivas de paz en este país en crisis.
Marruecos unido a una Libia estable
En 2023, las discusiones entre el Parlamento y el Alto Consejo de Estado dieron lugar a una enmienda constitucional, con la creación del llamado comité “6+6” para redactar leyes electorales consensuadas. Sin embargo, a pesar del anuncio de un acuerdo sobre estas leyes, las divergencias sobre su aplicación han devuelto a los actores políticos al punto de partida.
Desde entonces, se ha instalado un período de estancamiento político, marcado por la ausencia de cualquier progreso notable. Sin embargo, recientemente se han creado dos aclaraciones: una iniciativa internacional que propone la creación de un comité técnico para resolver las disputas electorales y consultas ampliadas entre los miembros del Parlamento y del Alto Consejo de Estado, organizadas en Marruecos.
Según varias fuentes diplomáticas, estos desarrollos podrían allanar el camino para elecciones en 2025, al margen del agotamiento de las facciones rivales y de la creciente presión económica. En un contexto en el que Libia sigue siendo un escenario de rivalidades internacionales entre Estados Unidos, Rusia y otros actores regionales, las perspectivas de un acuerdo político duradero siguen siendo inciertas, especialmente con las maniobras de Argel para socavar la unidad nacional libia












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