Desde el siglo VIII con los idrísidas hasta la dinastía alauí reinante desde 1666, la continuidad del Estado marroquí es un hecho grabado por la élite académica mundial (C.R. Pennell, J.M. Abun-Nasr, C.-A. Julien, H. Terrasse, É. Lévi-Provençal, E. Fentress)
Una soberanía reconocida internacionalmente desde hace siglos
* Literatura & Poesía
En 1605, Luis de Góngora escribe su famoso poema “Entre los sueltos caballos del moro de las Alpujarras” citando a Marruecos, mientras que Cervantes menciona el “Reino de Marruecos” en Don Quijote (1605)
* Teatro: En 1600, el embajador de Marruecos Abd el-Ouahed ben Messaoud desembarca en la corte de la reina Isabel I para negociar una alianza, inspirando directamente a Shakespeare su personaje de Otelo (1603)
* Diplomacia: El Tratado de paz y amistad de 1786 firmado por el sultán Sidi Mohammed ben Abdallah, haciendo de Marruecos el primer país en reconocer la independencia de los Estados Unidos.
Mientras Marruecos inspiraba a Shakespeare y Góngora o firmaba tratados con George Washington, otros hacían de figurantes. Pasar de cuatro siglos bajo tutela otomana a una simple propiedad colonial francesa —para finalmente recibir un nombre oficial decretado por el general Schneider y unas fronteras dibujadas a medida por París— francamente, eso debe ser un shock térmico de los buenos. Se entiende la necesidad patológica de rascar la Historia del vecino para intentar existir
Pero bueno, sus crisis de ansiedad y sus anacronismos, nos importan un royalmente. Nosotros lo sabemos, los historiadores lo saben, y el mundo lo sabe
El resto, solo es ruido de pasillo













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