Las oleadas de asaltos masivos que presenciaron los intentos de cruce hacia Ceuta y Melilla, generaron un coste de seguridad y material significativo en las filas de las fuerzas públicas marroquíes encargadas de proteger las fronteras y hacer frente a estos intentos. Con el retroceso de las llamadas a la incitación a la migración ilegal y su disminución debido al endurecimiento de la vigilancia de seguridad, emergen nuevos datos que revelan la magnitud de las heridas sufridas por los agentes de seguridad durante las operaciones de intervención, un aspecto que, en gran medida, había quedado al margen del debate mediático, especialmente en algunas coberturas que se centraron en los migrantes sin detenerse en las pérdidas sufridas por las fuerzas marroquíes en las líneas del frente.
Según los datos provenientes de los servicios de salud dependientes de la seguridad nacional, la Dirección General de Seguridad Nacional se encargó de proporcionar atención médica y apoyo psicológico a 107 funcionarios de seguridad heridos durante las operaciones reglamentarias destinadas a hacer frente a los intentos de asalto, entre ellos 89 policías adscritos a la prefectura de seguridad de Tetuán, 17 funcionarios de la seguridad regional de Nador y un funcionario de la prefectura de seguridad de Tánger. Las heridas variaron entre fracturas en las extremidades y la cabeza, contusiones, magulladuras y heridas de diferente gravedad, mientras que algunos heridos necesitaron seguimiento psicológico debido a trastornos relacionados con el estrés postraumático, lo que refleja que las intervenciones de seguridad no fueron meros despliegues en el terreno, sino que causaron heridas reales en las filas de los elementos que enfrentaron las oleadas de asalto.
Las pérdidas no se limitaron al aspecto humano, sino que se extendieron a los equipos y medios logísticos puestos a disposición de las fuerzas de mantenimiento del orden.
Las confrontaciones, durante los dos primeros días, resultaron en la destrucción e incendio de 26 vehículos de seguridad, entre ellos 18 vehículos en los incidentes de Fnideq y 8 en Nador. Estas cifras revelan la magnitud de los daños causados a las propiedades y equipamientos de seguridad durante las operaciones de respuesta, y al mismo tiempo refutan cualquier percepción que sugiera que las fuerzas marroquíes se limitaron a la vigilancia o no intervinieron en el enfrentamiento a las oleadas de cruce masivo, especialmente ante el registro de heridas generalizadas en sus filas y pérdidas materiales directas en sus equipos.
Por el contrario, lo llamativo es que los datos circulantes sobre los mismos sucesos no destacan el registro de heridas conocidas en las filas de las fuerzas de seguridad y la Guardia Civil española, a pesar de que las oleadas de asalto tenían como objetivo llegar a Ceuta y Melilla.
Este dato convierte la cuestión de la responsabilidad en el manejo de las advertencias y las preparaciones previas en un enfoque diferente; mientras las fuerzas marroquíes sufrieron 107 heridos, junto con pérdidas que afectaron a 26 vehículos de seguridad, la ausencia de datos similares sobre el lado español plantea interrogantes sobre la naturaleza de las medidas adoptadas por las autoridades españolas y el grado de preparación para hacer frente a las oleadas de asalto.
De este modo, la lectura del coste humano y material de los sucesos no se sostiene solo a través del enfoque en los migrantes, sino que también exige cuestionar las narrativas que hablaron de una “pasividad” marroquí, en un momento en que las pérdidas registradas en el lado marroquí muestran que sus fuerzas estuvieron presentes de manera efectiva en el enfrentamiento a estos sucesos y pagaron un precio humano y material evidente











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