Ante el espectacular colapso de los desembarques de sardinas a lo largo de la costa atlántica, que cayeron de 965.000 a 525.000 toneladas entre 2022 y 2024, Marruecos ha optado, tras largas deliberaciones, por suspender las exportaciones de sardinas congeladas. Esta decisión, motivada por la necesidad de proteger el suministro interno y contener la inflación de los precios, también responde a la preocupación de frenar las maniobras especulativas que pueden desviar volúmenes escasos hacia canales comerciales lucrativos, en detrimento de los hogares más dependientes de este bien esencial
Marruecos ha decretado, a partir del 1 de febrero, la suspensión de las exportaciones de sardinas congeladas, anunciado por la Secretaria de Estado de Pesca Marítima, Zakia Driouich, ante las asambleas parlamentarias. La medida se refiere a varios miles de toneladas de pescado destinadas al mercado europeo, de África Occidental y asiático y refleja, según el responsable, “el deseo de preservar la disponibilidad nacional y estabilizar los precios de un producto proteico esencial para la población”. No se ha especificado ningún plazo de levantamiento definitivo, lo que deja a los actores del sector en la incertidumbre sobre la duración de la interrupción
Esta decisión se produce, según se supo, en un momento en que las capturas de sardinas a lo largo de la costa atlántica, que alberga la mayor pesquería mundial de esta especie, están experimentando un colapso histórico. Las estadísticas oficiales revelan que los desembarcos han caído “de unas 965.000 toneladas en 2022 a poco más de 525.000 toneladas en 2024, un descenso de casi el 47%”, un fenómeno atribuido a factores ambientales como la variación de las temperaturas oceánicas, el cambio en la distribución del plancton y los riesgos climáticos, que afectan a los ciclos de migración y reproducción de los peces.
Presión sobre los mercados interiores e implicaciones sociales
Para los consumidores marroquíes, esta contracción de las existencias se ha traducido en un aumento de los precios. En los mercados urbanos, desde Casablanca hasta Agadir, el precio al por mayor de las sardinas frescas experimentó un notable aumento el año pasado, alimentando la preocupación de los hogares de ingresos modestos y medios, para los que la sardina es un alimento de primera necesidad. “Las tensiones en el mercado interior, agravadas por el aumento de los precios, fueron decisivas en la decisión de suspender las exportaciones, especialmente cuando se acerca el Ramadán, un período de mayor consumo de pescado”, indica una fuente profesional en Agadir
La industria de las sardinas representa un pilar de la economía marítima nacional. Solo las exportaciones de sardinas congeladas generaron más de 800 millones de dirhams en 2024, mientras que todas las exportaciones de productos del mar contribuyen con varios miles de millones de dirhams al PIB. Las plantas de transformación, que dependen en gran medida de los volúmenes exportados, podrían enfrentarse a una infrautilización, lo que hace temer la pérdida de puestos de trabajo en las comunidades costeras, donde la pesca y la transformación pesquería son actividades económicas importantes
Más allá de la economía, la decisión refleja una creciente conciencia de los desafíos de la sostenibilidad. Las sardinas representan casi el 80% de los recursos pelágicos menores del reino y la sobrepesca, combinada con el estrés ambiental, ejerce una presión considerable sobre las poblaciones. Los organismos profesionales, incluida la Unión Nacional de Industrias de Conservación de Pescado, han abogado durante mucho tiempo por un control riguroso de las prácticas pesqueras, la inspección de los puertos y la protección de los juveniles para garantizar la sostenibilidad de los recursos pesqueros
Necesidad de regulación frente a los especuladores y las tensiones del mercado
La suspensión de las exportaciones marroquíes también tiene un alcance regional. Varios países de África Occidental y del Norte, que dependen de los productos del mar para sus monedas, deben conciliar estas necesidades con la seguridad alimentaria interna. “Si las poblaciones de sardinas siguen disminuyendo, la brecha entre las ambiciones comerciales y la demanda nacional podría aumentar, lo que hace necesarias medidas similares en otros lugares”, advierten los analistas
En este contexto, el gobierno marroquí parece enfrentarse a la obligación de regular no solo la disponibilidad física de los recursos, sino también la especulación financiera y comercial que podría exacerbar las tensiones sobre los precios. La decisión de suspensión sugiere una estrategia compleja: “Se trata de frenar los comportamientos oportunistas de los intermediarios y los actores especulativos, garantizando al mismo tiempo una redistribución equitativa de los volúmenes a los consumidores vulnerables, sin comprometer la estabilidad macroeconómica y la posición de Marruecos en los mercados internacionales”, se insistió. El equilibrio buscado implica una delicada orquestación entre el control administrativo, la vigilancia de los flujos portuarios y el fomento de prácticas de mercado responsables, para que la preservación de los recursos pesqueros no se traduzca en una escaseza social o una inestabilidad comercial











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