*¡Qué barbaridad! He aquí un ejemplo revelador de la supuesta «objetividad» y «honestidad» de la prensa española*.

euromagrebمنذ 6 دقائقآخر تحديث :
*¡Qué barbaridad! He aquí un ejemplo revelador de la supuesta «objetividad» y «honestidad» de la prensa española*.

El título de La Razón:
El plan de Marruecos para robar la final a España)
Esta actitud tendenciosa de las élites académicas, mediáticas y políticas españolas hacia Marruecos, así como su predisposición, siempre a flor de piel, a demonizar y desprestigiar a Marruecos cada vez que se produce un sobresalto en las relaciones entre ambos países

El artículo no habla de una candidatura rival, de una puja legítima ante un organismo multilateral ni de una decisión que aún no se ha tomado.
Habla de un robo. Como si el Bernabéu tuviera ya la llave de la final en el bolsillo y alguien estuviera intentando entrarle por la ventana.
El verbo es delicioso porque no pertenece al vocabulario de la FIFA, de las federaciones ni de la diplomacia deportiva. Pertenece al patio del colegio.
Es el lenguaje del niño que, al ver que otro niño también quiere el mismo juguete, grita: «¡Es mío! ¡Me lo están robando!». Aunque el juguete todavía esté en la estantería, aunque nadie se lo haya prometido por escrito y aunque el dueño de la tienda (en este caso, la FIFA) aún no haya decidido a quién se lo vende.
La lógica infantil es impecable:
Yo deseo la final.
Por tanto, la final es mía.
Cualquiera que también la desee es un ladrón.

Que Marruecos construya un estadio de 115.000 asientos, que invierta miles de millones, que teja alianzas o que simplemente ejerza su derecho como coorganizador del Mundial no cuenta como competencia.
Cuenta como delito.
El hecho de que la propia FIFA haya desmentido promesas y haya dejado claro que la decisión sigue abierta no altera el relato: el delito se está gestando «ante la pasividad de Sánchez»
Porque, claro, si el otro niño juega mejor al ajedrez diplomático, la culpa es siempre del adulto que no te protegió lo suficiente.
Lo más revelador no es que Marruecos intente llevarse la final a Casablanca.
Eso es política del fútbol, tan vieja como el propio deporte.
Lo revelador es la incapacidad de ciertos titulares para admitir que España no tiene un derecho natural, divino ni hereditario sobre ese partido.
Tiene una candidatura fuerte, sí. Tiene estadios, historia, peso y doble campeóna mundial
Pero no tiene un título de propiedad. Y cuando alguien se presenta a la misma subasta con una oferta diferente, el reflejo no es competir: es acusar de robo.
Es el mismo mecanismo mental del niño que, al perder una carrera, no dice «ha corrido más rápido», sino «me ha hecho trampa».
La diferencia es que el niño suele tener solo siete años.
El titular, en cambio, va firmado por un periódico adulto.

Que les quede bien claro,
Marruecos no tiene intención alguna de conformarse con el estatus de socio menor en esta candidatura, sino que va a competir de tú a tú con España para albergar el número de partidos que le corresponda y competir por albergar la final

 

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