En su primera aparición pública desde su liberación, Boualem Sansal describió en france2 un clima de opresión sistémica que trasciende su propio caso y expone, una vez más, la naturaleza represiva del régimen militar argelino.
El escritor explica que su arresto nunca tuvo una base legal seria: se debió principalmente a représailles maniobras políticas tras el reconocimiento por parte de París de la Soberanía Marroquí sobre el Sáhara. Su testimonio, imbuido de lucidez y amargura, deja al descubierto un poder obsesionado con el control ideológico e incapaz de tolerar la más mínima disidencia.
En un relato sobrio pero profundamente alarmante, Sansal explica que lo mantuvieron en total aislamiento, le negaron representación legal y lo sometieron a una detención utilizada como herramienta política. Afirma que la verdadera ofensa del régimen fue su pertenencia a una élite intelectual percibida como peligrosa desde el momento en que se negó a ajustarse a la narrativa oficial.
Su análisis disecciona un sistema donde la justicia es simplemente una extensión del aparato de seguridad, utilizado para intimidar, castigar y reprimir cualquier voz crítica, incluidas las de las figuras más respetadas del país.
Su última advertencia, casi un grito ahogado, revela la profundidad de su inquietud: Sansal afirma temer por su familia si volviera a pisar Argelia, recordando a todos que critica “la dictadura, no la nación”. Esta observación subraya la deriva de un régimen que confunde la oposición intelectual con la traición y que, al reprimir a sus propios pensadores, expone al mundo su incapacidad para evolucionar.
Las observaciones del escritor reabren el debate sobre la restricción de las libertades e ilustran cómo la rigidez del régimen argelino se acentúa a medida que se intensifica su aislamiento diplomático, especialmente desde el realineamiento estratégico de Francia sobre la cuestión del Sáhara












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