Esta vez, se nos dice con calma que Dios solo envía hierro del cielo a tierras benditas, y que, por una feliz casualidad divina, Argelia está entre los elegidos
Por lo tanto, se nos pide creer que la geología obedece a preferencias celestiales y que la productividad industrial es cuestión de bendiciones, no de trabajo, inversión o gobernanza
Problema: la realidad es mucho menos mística. Argelia produce apenas 600.000 toneladas de hierro al año, muy por detrás de Australia, Brasil, China, India o Rusia. Si las bendiciones se midieran en toneladas, tendríamos que concluir que Dios tiene una clara preferencia por Canberra, Brasilia o Pekín… lo que hace que el razonamiento sea, como mínimo, vergonzoso
Pero este tipo de discurso no es un error garrafal: es un método. Una retórica surrealista utilizada por el régimen argelino para alimentar el complejo de inferioridad del pueblo, desviar la atención de los fallos estructurales y fabricar propaganda objetiva, donde la ideología sustituye a las cifras y la fe sirve de excusa para la incompetencia
Cuando un Estado explica su atraso económico por medio de una “bendición” en lugar de por sus opciones políticas, ya no se trata de una comunicación: es una confesión
Y cuando no estás entre los mayores productores de hierro ni entre los países de más rápido desarrollo, tal vez el problema no sea el cielo… sino quienes gobiernan la tierra












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