La carta del Sr. Lahcen Haddad, en la que se denuncia la obsesiva morofobia de Ignacio Cembrero

euromagreb17 يوليو 2025آخر تحديث :
La carta del Sr. Lahcen Haddad, en la que se denuncia la obsesiva morofobia de Ignacio Cembrero

Al Consejo Editorial de El Confidencial,

No me dirijo a usted con hostilidad, sino con profunda preocupación. Como ciudadano marroquí, figura pública y ferviente defensor del diálogo sincero entre Marruecos y España, me veo obligado a responder a la forma en que Ignacio Cembrero ha cubierto la información, cuya trayectoria, durante muchos años, ha reflejado consistentemente un claro sesgo, una tendencia a la provocación y una peligrosa propensión a la especulación disfrazada de análisis.

Esto no es nada nuevo. El Sr. Cembrero abandonó hace tiempo su rol de periodista buscador de la verdad para convertirse en un comentarista activista, obsesionado con retratar a Marruecos como una amenaza constante. Su cobertura más reciente —sobre el llamado “Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla” o una supuesta campaña de presión marroquí contra el Partido Popular— no cumple con los estándares del periodismo riguroso. En cambio, alimenta una narrativa de sospecha, presentada sin pruebas, fuentes oficiales ni contexto.

Presentar las acciones marginales de tres individuos, sin conexión alguna con el Estado marroquí, como una maniobra deliberada de Rabat es simplemente falso y profundamente irresponsable. Este “comité” carece de existencia institucional, legitimidad política y apoyo oficial. Sin embargo, el Sr. Cembrero insiste, una y otra vez, en asociar todo lo marroquí con opacidad, amenaza o manipulación.

Marruecos no representa una amenaza para España. Es un Estado soberano, con una diplomacia legítima, que defiende sus intereses como cualquier otro país y que busca el respeto mutuo, no la confrontación. Pero en los escritos del Sr. Cembrero, Marruecos nunca se presenta como un socio, un vecino o una potencia emergente. Siempre es un oscuro enigma, una molestia que hay que vigilar, un «otro» que hay que contener.

He respondido públicamente a varias de sus afirmaciones, con argumentos sólidos, contexto histórico y una genuina disposición al debate. Respondió, sí, pero solo para reafirmar su parcialidad, confirmando lo que ya era evidente: su postura no es crítica, sino activista. Más recientemente, decidió bloquearme en redes sociales, un gesto simbólico que dice mucho de su incomodidad con el diálogo y el intercambio de ideas.

La crítica legítima forma parte del periodismo. La obsesión, no. Y cuando un medio de comunicación permite que se difumine la línea entre la disidencia y la difamación, corre el riesgo de dañar no solo la imagen de un país, sino también la credibilidad del propio periodismo.

Con el mayor respeto, invito a El Confidencial a reflexionar sobre el impacto de sus palabras. España y Marruecos merecen una cobertura honesta, informada y responsable. Este es el camino hacia una relación basada en la verdad y el respeto mutuo.

Atentamente,
Lahcen Haddad
Miembro del Parlamento marroquí
Ex Ministro de Turismo
Rabat, Marruecos

 

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