Argelia y su apoyo inquebrantable a Bashar al-Assad: otra apuesta diplomática fallida

euromagreb8 ديسمبر 2024آخر تحديث :
Argelia y su apoyo inquebrantable a Bashar al-Assad: otra apuesta diplomática fallida

Argelia, fiel defensora del régimen sirio de Bashar al-Assad desde el inicio del conflicto en 2011, se enfrentó, al igual que otros países, a un importante cambio diplomático con la caída del régimen la madrugada de este sábado 7 de diciembre.

Al apoyar a un poder impopular responsable de una represión sangrienta y ciega, Argelia hizo la arriesgada apuesta de una alianza con un dictador cuya salida era inevitable.
Esta elección estratégica, basada en una visión geopolítica muy restrictiva, tiene hoy graves consecuencias diplomáticas y morales.

Desde 2011, Siria había sido excluida de la Liga Árabe debido a la brutalidad ejercida por Bashar al-Assad contra los opositores políticos y la población civil después de los levantamientos de primavera árabes.
Fue una decisión ampliamente apoyada por la comunidad internacional, pero Argelia, lejos de condenar al régimen, se empedó en apoyarlo incondicionalmente, argumentando la necesidad de preservar la soberanía siria y oponerse a la injerencia extranjera.

En este contexto, Argelia se ha alineado con posiciones diplomáticas cuestionables, ignorando el sufrimiento del pueblo sirio.
El régimen de al-Assad, a pesar de sus crímenes de guerra, fue apoyado por Argel, que insistió en el regreso de Siria al seno de la Liga Árabe, mucho antes de que este proceso se convirtiera en una realidad para el resto del mundo árabe en 2023. Argelia, al no distanciarse del dictador sirio, ha contribuido a aislarse más y a depender de potencias externas como Rusia e Irán, de esta manera. El 7 de mayo de 2023, durante una reunión a puerta cerrada de los ministros árabes de Asuntos Exteriores en El Cairo, se decidió la reintegración de Siria en la Liga Árabe, tras una intensa campaña argelina.

Cabe destacar que Argelia ha optado por no apoyar las legítimas aspiraciones del pueblo sirio a la democracia y la libertad, prefiriendo jugar la carta de un ideología que no ha resistido la prueba del tiempo. Mientras que otras naciones árabes habían apoyado a la oposición desde el comienzo de la guerra, Argelia se aisló apoyando un régimen cada vez más disputado y marginado.
Este apoyo, percibido como un acto de lealtad geopolítica hacia un aliado en crisis, finalmente debilitó la posición de Argelia en la escena internacional, sobre todo porque durante mucho tiempo se ha visto como un actor equilibrado. Este ya no es el caso.

Hoy, mientras Siria espera reconstruirse después de años de guerra, la elección argelina aparece como un error estratégico fundamental. Al apostar por un poder que no ha dejado de desprenderse de las aspiraciones de su pueblo, Argelia ha actuado de forma contraproducente.
Esta decisión podría costarle mucho a nivel diplomático y moral, incluso cuando los otros países árabes se acercan a la nueva Siria que está surgiendo.

En un mundo en el que la opinión pública es cada vez más consciente de los excesos autoritarios de los regímenes, la posición argelina se ha desconectado de las realidades sobre el terreno y de las aspiraciones de los pueblos.
El apoyo de Argelia a Bashar al-Assad, lejos de ser una política de apoyo a la estabilidad, no fue más que una apuesta perdedora, cuyos efectos podrían sentirse pronto

 

 

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