*Marruecos ocupa una posición de encrucijada, diplomática, de seguridad, energética y tecnológica en el orden internacional en recomposición, según el informe ISPI-ORF-PCNS

euromagreb14 ديسمبر 2025آخر تحديث :
*Marruecos ocupa una posición de encrucijada, diplomática, de seguridad, energética y tecnológica en el orden internacional en recomposición, según el informe ISPI-ORF-PCNS

En la tercera edición del informe Beyond Global Polarization: New Cooperation Wanted, Marruecos se destaca como un polo de articulación entre espacios geopolíticos, campos analíticos y formatos de cooperación internacional. Impulsada por la actividad del Policy Center for the New South (PCNS) y por una presencia asumida en varios marcos multilaterales recientes, esta posición confiere al Reino una visibilidad singular en las recomposiciones actuales de la gobernanza mundial.

El informe Beyond Global Polarization: New Cooperation Wanted, (ISPI-ORF-PCNS), publicado en diciembre, consagra muchos desarrollos explícitos en Marruecos, analizados como un actor cuya trayectoria llama la atención en un entorno internacional marcado por la erosión de ciertos marcos colectivos tradicionales y el aumento de formatos de cooperación pragmáticos. Los autores se esfuerzan por describir un Estado cuyas opciones diplomáticas, económicas y tecnológicas se basan en prácticas observables, medibles y duraderas, sin recurrir a una retórica de proclamación.
Este enfoque confiere a Marruecos una legibilidad particular en un paisaje global descrito como fragmentado, donde la credibilidad de los actores depende menos de las declaraciones que de la constancia de las posiciones y de la capacidad de mantener canales funcionales a largo plazo.

Los análisis subrayan que Marruecos aparece en varias ocasiones en el informe como un país capaz de combinar la prudencia estratégica y el compromiso sectorial, privilegiando áreas en las que la acción concreta prevalece sobre la adhesión formal a arquitecturas normativas debilitadas. Esta postura se examina a través de tres campos principales: la diplomacia regional y la facilitación de diálogos complejos, la transición energética y sus implicaciones comerciales, y la participación en los debates internacionales sobre las tecnologías emergentes.

Dispositivos diplomáticos y facilitación de los diálogos regionales

En los capítulos dedicados a la seguridad y las recomposiciones regionales, Marruecos figura entre los Estados citados por su capacidad para mantener relaciones funcionales con múltiples interlocutores, incluso cuando los antagonismos parecen duraderos.
El informe señala que “algunos países, incluido Marruecos, han mantenido canales abiertos con todas las partes, permitiendo intercambios indirectos e intentos de mediación cuando los mecanismos multilaterales formales resultaron poco operantes”.
Esta observación forma parte de un análisis más amplio de los límites encontrados por los recintos clásicos de resolución de conflictos, a menudo obstaculizados por la lógica de veto o por la alineación rígida de las posiciones.

Los autores se centran en particular en la experiencia marroquí en el expediente libio. Señalan que “Marruecos ha proporcionado un espacio de negociación reconocido para facciones rivales, ofreciendo un marco procesal percibido como aceptable por actores con intereses divergentes”. Esta función de acogida no se presenta como un acto aislado, sino como una extensión de una diplomacia de contacto basada en la continuidad y la discreción. El informe subraya que la credibilidad de estos enfoques se debe a la falta de voluntad de imponer una lectura ideológica del conflicto, en favor de un trabajo de facilitación centrado en la búsqueda de acuerdos concretos.

Más allá de Libia, Marruecos es mencionado como un actor mediterráneo cuya posición geográfica y política permite dialogar con socios africanos, europeos y de Oriente Medio. Los autores indican que “en un entorno marcado por alineaciones fluctuantes y acuerdos puntuales, algunos Estados han conservado una línea identificable, favoreciendo la confianza de los interlocutores y la continuidad del comercio”, citando a Marruecos entre estos casos.
Esta estabilidad relativa se analiza como un factor de previsibilidad en un contexto en el que muchos actores favorecen las opciones tácticas a corto plazo.

El informe también hace hincapié en la dimensión procedimental de esta diplomacia. Se observa que “la capacidad de ofrecer un marco de discusión neutral, sin excesiva presión pública, constituye una ventaja decisiva en configuraciones en las que la pérdida de cara sigue siendo un riesgo importante para los protagonistas”. En este sentido, la experiencia marroquí se presenta como ilustrativa de un enfoque basado en el control de las temporalidades y en la preservación del margen de maniobra de las partes involucradas en el diálogo.

Esta lectura se une a un análisis más general del realismo diplomático desarrollado en el informe, según el cual la cooperación sigue siendo posible cuando los dispositivos propuestos respetan los equilibrios locales y las sensibilidades políticas. Marruecos se describe entonces como un actor cuya práctica diplomática corresponde a esta lógica, sin tratar de sustituir a las partes involucradas ni captar simbólicamente los procesos emprendidos.

Transición energética, comercio y tecnologías emergentes

Los capítulos dedicados a la energía y el clima conceden un lugar importante a Marruecos, en particular en el examen de los efectos del mecanismo de ajuste del carbono en las fronteras de la Unión Europea. El informe especifica que “la estructura de las exportaciones marroquíes a la Unión Europea limita la exposición directa al dispositivo, ya que solo se ve afectada una fracción reducida de los flujos a corto plazo”. Esta situación se atribuye a la naturaleza de los sectores exportadores dominantes, como el automóvil, los equipos eléctricos o el textil, que no entran todos en el ámbito inicial del mecanismo.

Sin embargo, los autores identifican desafíos específicos en algunos sectores estratégicos, en primer lugar el de los fertilizantes. El informe recuerda que «la Oficina de fosfatos de Cherif sigue siendo un proveedor central del mercado europeo, lo que confiere a sus orientaciones industriales un alcance particular en las relaciones comerciales euromediterráneas». Esta posición se analiza a la luz de las elecciones del grupo marroquí en materia de energía.

Los autores indican que “el principal productor marroquí de fertilizantes ha iniciado una profunda transformación de sus procesos, basada en un uso masivo de energías renovables y acompañada de un calendario preciso de neutralidad de carbono”. Esta evolución se presenta como un elemento estructurante, que puede influir en la percepción europea de las producciones marroquíes a medio plazo. El informe insiste en que estos compromisos no son anuncios generales, sino que se basan en inversiones identificables e infraestructuras ya en funcionamiento.

Un punto central del análisis se centra en el reconocimiento técnico de estos esfuerzos. Se subraya que “la competitividad futura de los productores marroquíes dependerá de la capacidad de certificar las huellas de carbono de los productos, para que las reducciones de emisiones realizadas localmente se tengan efectivamente en cuenta en las fronteras europeas”. Esta cuestión se describe como decisiva, en un contexto en el que los dispositivos de regulación ambiental tienden a traducirse en requisitos de trazabilidad cada vez más finos.

El informe observa que este problema va más allá del único caso marroquí, pero que el Reino tiene activos específicos, relacionados con la magnitud de sus capacidades renovables y la coherencia de sus opciones industriales. Se observa que “la experiencia adquirida por Marruecos en el despliegue de soluciones energéticas bajas en carbono ofrece referencias operativas que pueden ser compartidas con otros países africanos y mediterráneos”. Esta dimensión se analiza como un factor de credibilidad técnica, distinto de los debates puramente normativos sobre la transición energética.

A continuación, los autores amplían su punto de vista al campo de las tecnologías emergentes, mencionando la participación marroquí en los debates internacionales sobre inteligencia artificial. El informe recuerda que “el Reino figuraba entre los Estados signatarios de una declaración conjunta sobre una inteligencia artificial inclusiva y sostenible, en una cumbre internacional celebrada en febrero de 2025”. Esta mención se coloca en una reflexión más amplia sobre cómo los países que no son miembros de las grandes potencias tecnológicas buscan participar en el desarrollo de los marcos de gobernanza de estas tecnologías.

El documento subraya que la presencia marroquí en este tipo de foro demuestra un interés por los usos económicos de la inteligencia artificial, pero también por los problemas éticos y sociales asociados. Se señala que “la participación en estos debates permite a algunos Estados no limitarse a un papel de adoptantes pasivos, sino contribuir a la definición de los principios que rigen el despliegue de las tecnologías digitales”. Desde esta perspectiva, Marruecos se presenta como un actor dispuesto a seguir de cerca la evolución de las normas internacionales, sin pretender ser el principal motor.

Por último, el informe establece un vínculo entre la transición energética, las tecnologías digitales y las trayectorias de desarrollo. Se observa que “los países con una base industrial en transformación y capacidades energéticas renovables sustanciales se encuentran en una posición favorable para experimentar con usos combinados de estas tecnologías”. Este análisis le da a Marruecos un lugar singular, no como modelo universal, sino como un caso de estudio relevante en los debates sobre las vías de desarrollo adaptadas a las economías del Sur.

El informe dibuja así el retrato de un Marruecos cuya presencia internacional se basa en elecciones sectoriales precisas, una diplomacia de compromiso y una atención constante a los cambios técnicos y normativos internacionales.
Esta trayectoria se describe como basada en la acumulación de prácticas concretas, susceptibles de conferir a Rabat una credibilidad duradera en un orden internacional en recomposición, en el momento en que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas brindó, por primera vez el 31 de octubre, su apoyo al plan marroquí de autonomía del Sahara al considerar que “podría representar la solución más factible”.
Esta resolución fue aprobada por 11 votos, y China, Rusia y Pakistán, aliados más o menos cercanos a Argel, se abstuvieron.
La resolución fue aclamada en Marruecos como una gran victoria y un “cambio histórico” por Su Majestad el Rey Mohammed V

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