Desbaratamos la noticia del diario el Español de ayer, cuyo título es:
“La dependencia energética de Marruecos: el 25% de su electricidad y el 100% de su gas proceden de España”
Una pregunta incómoda para empezar: si Marruecos es tan «dependiente» de España, ¿cómo se explica que fuera Marruecos quien pudo suministrar electricidad a España durante el apagón ibérico de 2025?
El problema del artículo de El Español no es hablar de interconexiones energéticas, sino convertir una infraestructura de tránsito en una supuesta dependencia energética de España.
El titular afirma que Marruecos obtiene de España el 25 % de su electricidad y el 100 % de su gas. Pero ambas cifras requieren contexto.
Ese «100 % del gas» no significa que el gas sea español. Marruecos compra GNL en el mercado internacional y utiliza temporalmente infraestructuras españolas para su regasificación y transporte hacia Marruecos. Confundir el lugar donde se regasifica una molécula con su país de origen es una forma muy interesada de presentar los hechos.
Y el famoso 25 % de la electricidad tampoco significa que España produzca una cuarta parte de la electricidad marroquí. El cálculo mezcla las importaciones directas con la electricidad generada en Marruecos mediante gas que previamente ha pasado por instalaciones españolas. Es decir, se convierte el uso de una infraestructura española en una supuesta «dependencia eléctrica de España».
Sería como afirmar que un producto estadounidense se convierte en español simplemente porque ha pasado por un puerto español.
Además, Marruecos dispone de un amplio parque de generación eléctrica gestionable, especialmente basado en el carbón. En 2025, las centrales de carbón produjeron alrededor de 27,4 TWh, aproximadamente el 61 % de la generación nacional. Esto demuestra que Marruecos cuenta con capacidad propia para proporcionar respaldo ante variaciones de los intercambios exteriores.
Y la narrativa resulta aún más débil con las renovables: Marruecos aspira a alcanzar el 52 % de capacidad eléctrica instalada renovable para 2030, mediante una fuerte expansión de la energía solar, eólica e hidráulica.
La trayectoria marroquí es, por tanto, la de la diversificación energética: renovables nacionales, generación térmica gestionable, nuevas infraestructuras de GNL, almacenamiento e interconexiones.
Pero hay un episodio que conviene recordar: el apagón del 28 de abril de 2025.
Aquel día, España y Portugal sufrieron un apagón masivo. Durante la recuperación, la interconexión eléctrica con Marruecos contribuyó a la restauración del sistema español, y Marruecos llegó a suministrar electricidad a España durante la crisis.
He aquí la paradoja:
El país que hoy se presenta como «dependiente» de España fue capaz, precisamente cuando el sistema eléctrico español estaba paralizado, de contribuir a su recuperación.
Eso no significa que España dependa de Marruecos, del mismo modo que Marruecos no depende estructuralmente de España. Eso se llama interconexión energética: dos sistemas que pueden intercambiar energía y apoyarse cuando es necesario.
El problema del artículo es, por tanto, menos energético que semántico:
Dependencia no es interconexión.
Origen del gas no es lugar de regasificación.
Tránsito no es suministro.
Una importación no equivale a dependencia estructural.
Un análisis energético serio debería distinguir estos conceptos.
La geopolítica energética se analiza con flujos, contratos, capacidades, infraestructuras y datos. No con titulares destinados a fabricar artificialmente una supuesta «dependencia energética de Marruecos respecto de España».
Conclusión:
Quien no produce el gas, tampoco puede presumir de ser su dueño. España en este esquema, es unicamente una vía de tránsito y prestación de servicios: regasifica, transporta y cobra sus servicios y peajes.
El gas lo compra Marruecos en el mercado internacional.
En este contexto Marruecos no compra gas español, porque España no produce gas natural.
Marruecos compra GNL en el mercado internacional (Estados Unidos, Rusia, países Árabes , etc.), lo hace regasificar en terminales españoles y luego lo recibe a través del gasoduc Maghreb-Europa en flujo inverso.
España sirve únicamente como plataforma logística.
Para la electricidad pura (importaciones directas), se trata más bien del 8 al 15 % de la demanda marroquí. La cifra del 25 % solo aparece si se suma la electricidad producida en Marruecos con este gas que transita por España













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