Marruecos se encuentra entre los países mencionados por la prensa especializada internacional como examinando la opción de un primer submarino convencional mientras Rusia destaca su Amur-1650, derivado del programa Lada. Según un análisis publicado en 19FortyFive, esta oferta, presentada como discreta y versátil, sigue siendo, sin embargo, agobiada por la ausencia de entregas, antecedentes industriales problemáticos y grandes incertidumbres geopolíticas, frente a competidores europeos ya probados
Desde hace varios años, la hipótesis de un interés marroquí por el submarino ruso Amur-1650 circula de forma intermitente en la prensa especializada, a menudo en estado de alusión o rumor técnico, sin que ninguna fuente identificada lo respalde explícitamente. Esta vez, la información es citada de forma detallada por un medio de comunicación considerado bien informado que evoca el examen por parte de Rabat de una oferta rusa junto con propuestas europeas, como parte de la reflexión emprendida por Rabat sobre la adquisición de sus primeros edificios sumergibles. Según un post del sitio especializado sobre cuestiones de defensa19FortyFive, Marruecos “evaluaría la propuesta rusa en paralelo con las ofertas europeas”, en un proceso en el que la comparación se centraría tanto en el rendimiento anunciado como en la fiabilidad industrial y política de los proveedores
El mismo texto subraya que los exportadores rusos habrían puesto de relieve “el suministro de dos submarinos Amur-1650”, un enfoque interpretado como “una señal destinada a demostrar la existencia de un interés internacional en un programa que se retrasa años y no cuenta con ninguna entrega efectiva”. El autor indica que el interés prestado a Marruecos estaría relacionado “con consideraciones presupuestarias, cálculos geopolíticos y capacidades teóricas atribuidas a la clase Amur”, pensada como una oferta de exportación de nueva generación
Un submarino presentado como discreto y altamente automatizado
Derivada del proyecto 677 Lada, la familia Amur se describe como un conjunto de submarinos convencionales que se cuestan en el sigilo acústico y la automatización. El billete especifica que el Amur-1650 “está diseñado como un submarino de ataque diésel-eléctrico más silencioso, con un alto grado de automatización y una carga militar que combina torpedos y misiles de crucero”. La versión en cuestión mostraría un desplazamiento en superficie de aproximadamente 1.765 toneladas, una longitud cercana a los 66,8 metros y seis tubos de torpedos de 533 milímetros
El autor añade que los diseñadores rusos destacan “una reducción significativa de las firmas acústicas en comparación con las antiguas clases Kilo”, gracias a una arquitectura y equipos que se supone que limitan el ruido de las máquinas. El texto también menciona la posibilidad de un sistema de propulsión anaeróbico opcional, presentado como “destinado a prolongar la resistencia en el buceo y a comparar, para ciertas misiones, el rendimiento de los submarinos convencionales con el de las unidades nucleares
Retrasos estructurales y competencia europea probada
Sin embargo, el billete de 19FortyFive insiste en las debilidades del programa. Recuerda que en este momento “no se ha construido ni entregado ningún submarino de la clase Amur a una marina extranjera” y que esta situación está estrechamente relacionada con las dificultades del programa Lada, del que procede. Según el autor, “los repetidos retrasos y los problemas técnicos encontrados por la clase Lada han privado a Amur de una base operativa creíble”, en marcado contraste con la trayectoria de los submarinos Kilo, ampliamente exportados y probados en servicio.
La competencia se describe como particularmente dura. Las obras europeas, con edificios ya en servicio, ofrecerían “calendarios de entrega más fiables, asociaciones industriales estructuradas y garantías de apoyo a largo plazo”. A estos elementos se suman las limitaciones geopolíticas, y el texto subraya que “las sanciones occidentales relacionadas con el conflicto en Ucrania pesan sobre la base industrial rusa y complican el acceso a la financiación y a ciertas tecnologías críticas
El autor concluye que, sin una demostración tangible de producción en serie y entregas efectivas, el Amur-1650 sigue siendo “un concepto de exportación sin comprador, frente a plataformas europeas ya probadas”, y que “la credibilidad industrial y el apoyo a largo plazo pesarán tanto como la discreción acústica en la elección final de los clientes potenciales













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